lunes, 11 de abril de 2011

Una Patinadora especial.....mmmm


Me encanta pasear por el paseo de la playa. Sí, porque allí hay mogollón de chicas haciendo deporte con sus mallas ajustadas, sus tetas apretadas por sus tops ajustaditos… y disfruto observándolas y fantaseando con ellas. Muchas veces mi imaginación echa a volar y comienza a imaginarse a alguna de esas chicas desnudas, sudaditas, follándome cómo perras…


Pero el otro día una de esas fantasías se hizo realidad y aún no me creo lo que pasó. Os cuento.

Estaba yo como muchas otras veces paseando por el paseo, observando el panorama y viendo como muchos corredores, ciclistas o patinadores pasaban por mi lado a gran velocidad. Estaba yo absorto en mis pensamientos y fantasías cuando una patinadora me hizo salir de mi trance.



Era preciosa, con unas ajustadas mallas blancas y una ceñida camisa de tirantes que le marcaba muy bien unas tetas no muy grandes, pero seguro que duras y sabrosas como pocas. Venía hacía mí, en dirección contraria, y mientras se acercaba yo me iba hipnotizando con sus contoneos. Creo que ella se percató de mi cara de deseo porque pasó mirándome y sonriéndome.



Me quedé mirándola y no dejé incluso de hacerlo cuando me sobrepasó, ya que me di la vuelta para seguir mirándola. Ella hizo lo mismo, con la mala suerte que uno de sus patines encontró una piedra, se desequilibró y cayó al suelo. Corriendo me acerqué para socorrerla y ver que tal estaba.

Ella no paraba de reír de la vergüenza, diciendo que estaba bien y poco a poco se fue poniendo roja como un tomate. La levanté del suelo, con la mejor de mis sonrisas y con palabras de ánimo. Estuvimos hablando un largo rato de cosas triviales mientras mi mente fantaseaba con poseer a ese cuerpazo escultural. Ella parecía majísima, aunque yo no podía apartar de mi mente las ganas que tenía de follármela.




Tras unos minutos de conversación, le propuse venir a mi casa, que estaba cerca de allí, a tomar un refresco para que se repusiera del esfuerzo y del golpe, a lo que ella accedió encantada. 




Mi casa está casi en el paseo. Es un pequeño chalet con piscina. No es gran cosa, porque es pequeñito, pero a las visitas siempre les encanta ver la piscina y se quedan maravillados viendo la casa. A esta le pasó lo mismo. Nos sentamos en la terraza, cerca de la piscina y tras sacar unos refrescos empecé a seducirla con mis palabras y mis cumplidos.

Me costaba encontrar las palabras correctas, estaba descentrado. Trataba de no dejarme llevar por mi polla, dura como una piedra imaginando el preciado tesoro que escondía mi chica debajo de esas mallas blancas, pero me era muy difícil. Ella parecía notar lo que estaba yo pensando porque poco a poco se fue acercando más a mí.



Estás muy nervioso. No sé si es porque eres tímido o porque estás deseando follarme”…y puso su mano sobre mi polla. Ya os he dicho que estaba empalmado como una roca. Sonrió…“Ya veo, estás deseando follarme. Yo también tengo ganas de sentir ese pollón duro dentro de mí” Y se arrodilló delante de mí, me sacó la polla del pantalón y comenzó a comérmela.




Yo no me lo podía creer. Ese bombón me estaba chupando la polla como una posesa. Tenía un lengua maravillosa, que recorría toda la base de mi miembro, desde mis huevos hasta el capullo mientras sus manos masajeaban mis huevos. Alternaba este movimiento con un continuo vaivén de su boca metiéndose y sacándose mi polla muy rápidamente. 

Estaba demasiado excitado y no quería irme demasiado pronto, así que me levanté, comencé a desnudarla mientras ellas seguía agarrada a mi miembro y me masturbaba. La tumbé en una hamaca para pasar a comerle el coño. Coño que por cierto era precioso. Lo tenía totalmente rasuradito y estaba muy empapado. Mis dedos pudieron penetrar fácilmente su vagina mientras mi lengua jugaba con su clítoris. 

Ella gemía sin parar. Me apretaba la cabeza contra su miembro como queriendo una mayor presión y eso me excitaba aún más. Estaba excitadísimo, deseando metérsela hasta el fondo así que comencé a follármela. Tenía un culo impresionante así que quería penetrarla a cuatro patas, azotándole el culo mientras la penetraba. Quería oírla gritar de placer.





Y eso hacía ella. Una y otra vez me gritaba que no parase, que le diera más y más fuerte y que estaba deseando sentir mi leche calentita recorriendo todo su ser. Mis embestidas eran cada vez más profundas, mis pelvis chocaba violentamente con su culo, pero eso parecía encantarle, porque con cada embestida ella emitía un gemido de placer que estoy seguro que se podía oír desde la calle.

Seguí dándole caña, cuando ella se paró y me tumbó en la hamaca sobre la que me la estaba follando. Me dijo algo así como que ahora iba a saber lo que era bueno. Y se puso encima mío, de espaldas a mi para follarme ella a mí. Se introdujo mi miembro y empezó a moverse poco a poco. Parecía que se estaba acomodando a la postura a mi polla.



Sí, se estaba acomodando porque poco a poco fue aumentando el ritmo hasta llegar a unas embestidas brutales que hacía que mi polla estuviera a punto de reventar. Sentía que estaba dura e hinchada, a punto de reventarle dentro. Pero ella parecía estar fuera de sí. Sus movimientos eran cada vez más frenéticos y su cadera se movía sin compasión.


Mi corrida fue bestial. La reventé entera. Mi leche recorría toda su vagina. La sentía descender por mi polla hasta que vi los primeros chorros saliendo de su coño y cayendo sobre mí. Ella seguí en la misma posición, aún meneando la cadera pero más suavemente, con los ojos cerrados cómo disfrutando del momento.

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